La Composición en Fotografía

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Se habla mucho de las reglas de composición, pero como tal no son reglas, y mucho menos de obligado cumplimiento, son solo una serie de recomendaciones o guías, basadas en cómo los seres humanos interpretamos las imágenes… por convención les llamaremos reglas de composición, pero que eso no nos confunda llamarlas así.

De hecho existen auténticos tratados sobre estas “reglas”, pero la mayoría de aficionados descartan esas lecturas porque suelen liarlos más que aclarar conceptos. En muchos casos nos encontraremos que la interpretación de ellas puede diferir en algunos conceptos para cada uno, porque no se establecen claramente cuáles de ellas son más significativas o tienen más peso que otras, ya que depende en gran medida del motivo. Luego esta cuando una fotografía acapara un número importante de “reglas”, que puede dar lugar a una armonía casi mágica o un auténtico caos…

La composición, todo un arte

Existen una serie de aspectos a tener en cuenta, las mal llamadas reglas de composición, que nos ayudan a captar la atención de una determinada forma y que hacen que al observador se le traslade, evoque o convierta esa percepción de la imagen en sensaciones o sentimientos. Así que para componer de forma correcta, es decir, para transmitir con una fotografía lo que queremos, es muy útil utilizar esos mecanismos o consejos que llamamos reglas, en definitiva esas reglas no son más que mensajes subliminales muy guiados hacia el cerebro del espectador.

Cuando se dice que se rompen reglas, no es del todo cierto, ya que se rompen unas para apoyarse más en otras…, y cuando se dice que están para romperlas, nunca es cierto ya que se rompen las más conocidas o fáciles de identificar, y eso solo es posible hacerlo cuando sabemos distinguirlas en una fotografía, que no siempre es fácil, o bien porque nos apoyamos en otras para variar el mensaje… porque romperlas todas nos daría una imagen abstracta o que difícilmente se entendería el mensaje.

Así que nos centraremos en una serie de consejos o cosas a tener en cuenta para componer, que si queréis podéis llamarles reglas por costumbre. Simplificare mucho, pero creo que puede ser útil para los que empiezan y quieren rápidamente entender algunas…

El motivo

Lo principal en fotografía es dejar claro cuál es el centro de interés o que queremos mostrar, por ejemplo, si hacemos una fotografía a una persona, debemos procurar que no tengamos elementos que distraigan la atención, con lo que debe quedar claro que ese es el motivo, ahora, ni debe estar en el centro (pese a decir que es el “centro” de interés”), ni tiene porque ser lo que ocupa la mayor parte del encuadre, aunque como ya veremos eso choque con otras recomendaciones o reglas.

Para conseguirlo tenemos varias opciones, las más sencillas son jugar con la profundidad de campo o cerrar el encuadre… Partamos de la premisa que esta regla solo pretende que el observador sepa de qué va la fotografía en cuestión, nada más y nada menos que eso.

El encuadre

Aunque parezca una tontería el encuadre marca como se interpreta la fotografía. Los encuadres horizontales evocan quietud y calma salvo que el motivo diga lo contrario, claro…, y son más utilizados en paisajes que no muestren movimiento y grupos de personas. Un encuadre vertical da vigor, fuerza, autoridad… y es más utilizado en retratos, al margen de que sigue las proporciones del cuerpo con mayor facilidad, tanto en planos cortos como largos. En paisajes, por ejemplo, si queremos darle fuerza a una cascada o a un árbol como centro de atención una solución es hacer la fotografía vertical.

Los encuadres inclinados o diagonales otorgan dinamismo, movimiento y/o fuerza extrema, así que si queremos dar a la imagen esa sensación es bueno tenerlo en cuenta, pero deben ser diagonales del todo o se convierte la imagen en confusa o caída, sobre todo si la escena tiene línea de horizonte clara que no se corresponde con esa diagonal.

NOTA: La mayoría de cámaras siguen proporciones rectangulares, por eso hablamos de horizontal o vertical… No obstante también podemos tener un encuadre cuadrado, en este caso, como nuestra visión no se ajusta a esas proporciones nos dará una sensación de geometría o simetría que puede ser muy útil o bien una sensación de armonía irreal muy utilizada en composiciones abstractas o que carecen de un orden por reglas de composición.

Rellenar el encuadre

Esta regla choca con lo que decíamos del centro de interés o el motivo, y nos dice que lo ideal es que intentemos llenar una parte importante del encuadre con el motivo principal o llenarlo por completo.

Ahora, ¿qué hago, sigo la del interés o la del rellenar?… La verdad es que es simple, por ejemplo, en el primer caso “el interés” pude ser algo pequeño que ocupa una parte menor del encuadre, pero resulta que no hay nada que distraiga la atención, o algo que refuerce el concepto de pequeño (por ejemplo un insecto en una hoja) y por eso nos podemos permitir la licencia de hacer que no ocupe una parte importante del encuadre.

El caso de rellenar por el contrario, lo debemos utilizar cuando es inevitable que otro motivo centre la atención y distraiga en el encuadre o bien cuando el centro de atención es único y de mayor tamaño, por ejemplo, queremos hacer un retrato y detrás hay un letrero luminoso que despistaría en la composición y además no podemos jugar con la profundidad de campo porque es muy cercano, en esos casos es mejor cerrar el encuadre para que el motivo principal, la persona, tome todo el centro de interés y el resto de motivos pasen a un segundo plano sin cobrar interés por sí mismos.

Enfoque selectivo

Es un recurso creativo o artístico para resaltar el motivo que hace fijar la atención del observador sobre él, ya que el cerebro tiende a ignorar aquello que no está enfocado ya que le resulta demasiado confuso… para conseguirlo se utiliza una profundidad de campo reducida. Como recurso es el más utilizado en todas las disciplinas de la fotografía, salvo en paisaje, ya que se tiende a trabajar con la hiperfocal y por lo tanto no tenemos desenfoque.

Angulo de la toma

Nos aporta un juego de perspectivas que permite variar la atención o desplazar con ello el motivo. Hay que tener en cuenta que las personas tienen una visión a alturas similares, es decir, que siempre vemos las cosas desde un ángulo similar, así que cualquier alteración de ese ángulo provoca una visión del motivo que puede ser muy creativa como recurso, reforzando la composición y por lo tanto las sensaciones.

  • Recto – cuando la posición de la cámara esta a la altura del centro del encuadre del motivo a fotografiar. Se utiliza mucho en retratos para no alterar las proporciones por perspectiva, así que aporta una sensación realista.
  • Cenital – por encima del plano y perpendicular – la cámara a 90º por encima del motivo.
  • Picado – cuando la posición de la cámara está por encima del plano recto, fotografiamos de arriba hacia abajo sin llegar a ser cenital.
  • Contrapicado – lo contrario al picado, de abajo hacia arriba.
  • Rasante – o toma a ras, que no es otra cosa que hacer fotos a ras del suelo o del motivo.

Picado

Las líneas, curvas y convergencias

Las líneas son, muy probablemente, el recurso más utilizado para reforzar un mensaje y se utiliza principalmente para dirigir la mirada del que ve la fotografía hacia un motivo concreto.

Lo sencillo es utilizar la perspectiva de un motivo secundario para reforzar el principal, por ejemplo si queremos hacer una fotografía de un coche utilizar las líneas que genera la carretera para darle más peso o las de un edificio jugando con la perspectiva. Si las líneas paralelas tienden a juntarse en un punto, hablaríamos de convergencia de líneas, por ejemplo si utilizamos las vías del tren que por efecto de la distancia, perspectiva llegan a parecer juntarse o vemos que tienden a juntarse, o los márgenes de un rio vistos desde un puente, o un retrato usando una pared que hará que sus líneas converjan sobre el motivo.

El flujo y movimiento

Es como podemos hacer que la mirada del que ve una fotografía se desplace de un punto a otro de la misma usando líneas o al mismo motivo para conseguirlo, o bien dando sensación de movimiento aun cuando en la composición no hay un espacio que nos ayude. Aunque no es algo fijo, cuando las líneas son verticales u horizontales hablamos de flujo estático, y cuando hablamos de líneas diagonales decimos que la imagen tiene un flujo dinámico.

Para el flujo de movimiento, otro ejemplo podría ser si hacemos una fotografía a un coche de carreras en un circuito cuando este está en la recta, la fotografía en diagonal le dará más dinamismo que si la hacemos horizontal, pero el flujo real lo puede llegar a determinar la sensación de movimiento o de ausencia de movimiento, por ejemplo, si hacemos un barrido o por el contrario congelamos la imagen… y la fotografía seguirá teniendo un flujo aunque encerremos al motivo dentro del encuadre sin dejar aire en ningún lado.

En ambos casos obligamos al que ve la fotografía a leerla siguiendo una dirección, la dirección del flujo, pero en el barrido centramos mucho más la atención sobre el motivo porque el fondo esta movido.

La dirección

Es muy parecido al flujo, pero en este caso utilizamos el “aire” para mostrar la dirección hacia la que se desplaza o ve el motivo, aunque ese espacio sea vacio. Lo que hace es crear la sensación de movimiento aunque este no exista, ya sea del motivo o de hacia dónde mira el motivo. Recordemos que en fotografía los motivos que siguen una dirección, parecen estar en movimiento, pero no lo están realmente, ya que capturamos un instante concreto, a esa sensación la llamamos dirección.

Si ponemos el mismo ejemplo que con el flujo, imaginad un coche de carreras que está parado en la línea de salida, si dejamos aire o espacio por delante de el, le estamos dando una dirección a la imagen, que nos da a pensar que ese coche se moverá en cualquier momento… El ejemplo más claro lo vemos en retratos de perfil, donde el aire por delante de los ojos indica la dirección de la mirada, hacemos con ello que el que ve la foto se centre en esa dirección, pero le de forma o dirección a la mirada.

Las repeticiones

El juego de las repeticiones de motivos iguales o de igual tipo tiene sentido cuando queremos plasmar la sensación de unidad del conjunto… El ejemplo más claro es cuando hacemos una fotografía a un grupo de personas, si por ejemplo dejamos espacios o planos irregulares entre ellos esa sensación de unión desaparece. Si jugamos con las formas de los motivos repetidos las sensaciones que ofrecen son diferentes.

El ejemplo que más veréis es poner hileras de productos aparentemente iguales o iguales que son parte de un conjunto, los ladrillos de un edificio, las sillas de un cine, los colores de una caja de lápices, etc… todos ellos dan esa sensación de unidad.

Las agrupaciones

Hay mucha teoría sobre las agrupaciones en fotografía, pero lo que parece tener un peso especial para nuestra percepción, son las agrupaciones de elementos siguiendo los números primos a partir del 3 (5, 7, 11, 13,…) o solo de 3 elementos, aunque se suele hablar normalmente de impares a partir de 3 (1 no es un grupo, jeje). Las agrupaciones pares suelen dar sensación de exceso de equilibrio y menor dinamismo.

El color

Usar el color para transmitir sensaciones es un recurso muy utilizado. Es sumamente importante usarlo de forma coherente, la mezcla de colores cálidos y fríos suele dar confusión o un mensaje poco claro cuando estos tienen un reparto equitativo. El efecto del color en la interpretación del espectador, depende en gran medida de aspectos psicológicos, así que no será siempre una regla fija, pero si muy efectiva en la mayoría de casos.

Por ejemplo, si usamos como fondo de un retrato colores fríos le damos a este un aire más tranquilo, y si por el contrario usamos colores cálidos, le damos un toque más agresivo… Ahora en el retrato la expresión reforzará, como motivo principal, el mensaje que nos da el color o lo hará ambiguo o engañoso.

El contraste y el tono

El contraste produce en el observador un nivel de interés diferente dependiendo de cuantos cambios de contraste tengamos, de la textura de los motivos o de los cambios de color asociados a los cambios de contraste, dándole más intensidad o menos a la composición.

Si usamos tonos contrastados, claro a oscuro, le dará más peso a los elementos más oscuros para un mismo color y la imagen tendrá más fuerza, eso es muy visible en retratos, decimos que da carácter. Si queremos suavizar la composición deberemos tener un contraste menor y por lo tanto igualar más los tonos, menos contrastados. Y si lo hacemos tanto en el motivo como del resto de la composición tendremos una imagen muy armónica, que transmite paz, sosiego, tranquilidad.

Cuando queremos dar más contraste usando el color y no el tono claro-oscuro, utilizaremos colores lo más alejados posibles en el circulo cromático, para resaltar elementos de la composición, por ejemplo, el rojo y el cian están en lados opuestos.

Los tercios

Quizás la más conocida de las mal llamadas reglas y la que tiene más excepciones. De hecho se suele afirmar que es una simplificación pensada para fotografía de la Proporción Áurea, por lo complejo de componer pensando en dicha proporción.

Para entender lo que son los tercios debemos dividir la imagen en 9 cuadros equivalentes, que son las divisiones horizontales y verticales, tercios.

Se suele entender o simplificar esta regla solo para paisajes, donde jugamos con la línea del horizonte y dejamos la mayor parte de lo significativo o de interés de la fotografía apoyada sobre dos de los tres tercios. Por ejemplo, si el paisaje no es uniforme y el cielo con nubes y claros significativos, decimos que el cielo tiene más interés que el suelo o refuerza el paisaje y por lo tanto dejamos que el cielo ocupe dos tercios y un tercio el suelo. Si por el contrario el cielo no es destacable, el típico día despejado, decimos que debemos darle más peso al paisaje que al cielo, haciendo que este ocupe dos tercios y el cielo un tercio o menos.

Pero los tercios nos ofrecen además los puntos fuertes… ¿y donde están y que son?, pues son los puntos de intersección de los tercios y sirven para centrar la atención sobre el motivo. La regla nos dice que si queremos destacar o centrar la atención sobre el motivo, lo que debemos hacer es colocarlo en uno de los puntos fuertes, y no usar el centro del encuadre para ello. Tanto si hablamos de encuadres horizontales o verticales, los puntos fuertes son los mismos.

Un ejemplo que no es un paisaje, que el punto fuerte refuerza el enfoque, aunque la mirada no siga una dirección marcada por el aire a la derecha, al margen de eso, la mano del fondo, pese a estar muy desenfocada, tiende a despistar del motivo… es un ejemplo de tercios que no cumple con otras reglas:

Ver Proporción Áurea.

NOTA: Lectura de los puntos fuertes se realiza de forma concreta en aquellas fotografías que tienen todos sus puntos fuertes enfocados o en el mismo plano: En occidente las imágenes se leen siguiendo estos puntos fuertes, de izquierda a derecha y luego de arriba abajo (el patrón de lectura se sigue de forma diferente dependiendo del modo de escritura, ya que mirar fotografías, o imágenes en un determinado orden es puramente cultural o de aprendizaje, las reglas como la dirección nos guían para mirar esas imágenes en otro sentido, pero el inicial es ese).

El espacio negativo

Se dice que una fotografía tiene espacio negativo cuando la superficie de aire es muy superior al motivo, y este está apoyado en puntos fuertes (en uno o dos).

El espacio negativo suele utilizar un fondo uniforme, blanco o negro y nos transmite una sensación de soledad muy acusada, y cuando es un retrato, al margen de soledad y dependiendo de la expresión, también, miedo, dolor, angustia, etc…

No es muy utilizado, ya que es opuesto al rellenar el encuadre, pero hay situaciones en las que es interesante tenerlo en cuenta.

La profundidad

Se suele confundir con el enfoque selectivo, pero en este caso el fondo debe tener importancia y un enfoque razonable para que sea identificable, pero evitando que existan puntos que llamen excesivamente la atención (sin despistar). En retrato en exteriores debemos tenerlo en cuenta, ya que el juego de la profundidad de campo nos ayudara con este efecto.

Por ejemplo, queremos hacer un retrato delante de un edificio, o en un calle… lo importante es el motivo, en este caso la persona, pero el fondo nos dice algo de la persona, ya sea el edificio o la calle y por lo tanto debe ser distinguible pero sin tener el enfoque pleno o confundiría y haría la imagen muy anodina. Es muy útil apoyarse en líneas para reforzar el retrato.

Nota: es una fotografía típica de moda y bastante tonta, la verdad, y en este caso no usa los puntos fuertes directamente, pero se apoya en ellos para dar sensación de conjunto.

La Proporción Áurea (también llamada la Divina Proporción)

Muy interesante, pero compleja de aplicar en composición fotográfica es la Proporción Áurea, algunos la llaman la formula matemática de la belleza, al que le interese profundizar os recomiendo que leáis sobre ella.

De entrada deciros, que existen muchas discrepancias sobre si debe componerse una escena pensando en ella o es una consecuencia inevitable de aquellas fotografías que consideramos armoniosas o bellas y especialmente agradables a la vista. En cualquier caso, lo que está claro es que algunas obras de arte siguen dicha proporción, entre ellas la Mona Lisa de Leonardo da Vinci o la Torre Eiffel de Paris y en fotografía por ejemplo “The Var Depertment” de Henri Cartier-Bresson, la duda es si es casualidad, inspiración en la naturaleza o pensaron en ella para plasmarla la proporción Áurea, cosa que por ejemplo en la fotografía parece mucho más complejo y en este caso fruto de la casualidad o bien preparada y a conciencia.

La proporción Áurea relaciona el “todo” con una parte mayor y una menor de la composición cuando dividimos una línea en segmentos, esa proporción se identifica con la letra griega Fi (en honor a Fidias, arquitecto, pintor y escultor griego que la utilizaba en sus obras, como por ejemplo en el Partenón de Atenas).

La más conocida representación es la espiral de Durero o el rectángulo áureo de Euclides que se utilizan en pintura y escultura (y que se puede aplicar en fotografía, aunque es complejo como decía, salvo que preparemos a conciencia la escena siguiendo esas representaciones u otras). Lo más significativo es la proporción áurea que se halla en la naturaleza en numerosos motivos (caracolas, hojas de algunos árboles, en el ancho de las ramas, disposición de los pétalos de algunas flores, etc…), y por esa razón nos resultan tan armoniosas las fotografías que se basa en ella o que la plasman,… y luego está su relación con la serie de Fibonacci (pero creo que ya os hacéis una idea)…

Espiral de Durero

Nota: Existen Plug-ins de Photoshop para que veamos si nuestras fotografías siguen la proporción áurea.

Hay más “reglas”, pero para empezar ya tenéis unas cuantas… las más conocidas.

NOTA: Este post pretende ser un principio muy resumido y liviano para aquellos que empiezan en esto de la fotografía, para nada pretende ser un tratado o un curso sobre la composición, ni mucho menos.
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